Xenogears

Stand tall and shake the heavens

En la flor ya madura de la vida, a los 30 años un pizpireto Tetsuya Takahashi estaba trabajando en un tal Final Fantasy VII cuando le enseñó al megalómano de Sakaguchi el boceto de un gran argumento para un próximo FF aún por decidir. El jefe lo rechazó, argumentando que era demasiado siniestro y complejo para la serie. Bien, allá tú Sakaguchi, aquel que no pudo hilar la muerte con una cola de fénix en cierto personaje, pero así era FF y así ha sido la serie sobrevalorada con el tiempo. El proyecto fue llevado en paralelo para desarrollar el denominado Xenogears. Hablamos de un juego que pretende abarcar una enorme cantidad de conceptos en un argumento muy, muy complejo y que, según las reseñas, recoge influencias de la filosofía de Nietzsche (la razón te engaña) y Freud (tu coco te engaña), además de Carl Jung y sus paranoias mentales. El planteamiento es incluso muy complejo para un libro y el resultado está muy bien conseguido, pero como videojuego echa para atrás.

Pongámonos en marcha. Tras una primera escena en una nave espacial que acaba siendo destruída bajo el lema de You shall be as gods de otro filósofo, Erich Fromm, se pasa a un contexto absolutamente distinto donde manejaremos a Fei, un joven pintor que vive en el pueblo de Lahan de forma feliz y alegre, donde una amiga suya se va a casar al día siguiente y todo es paz y armonía y bla bla bla. Claro que, las cosas iban a oscurecerse cuando unos Gears, mechas enormes pilotados por una persona, núcleo de las luchas entre los reinos de Av y Kislev, van a parar al pueblo y comienzan a atacarlo. Fei se acerca y se prepara a evacuar a la población cuando siente algo en él que lo anima a montarse en uno de los Gears. Comienza atacando al resto de Gears y acaba por provocar una gran explosión que destruye la aldea y a la mayor parte de la población, recluída en el monte, cerca de la casa del docto erudito Shitan, que de todo sabe y es un hacha como ingeniero. No lo duden más, es Jordi Hurtado, por eso de manejar robots y tal.

No vamos a desvelar nada más porque Xenogears es un juego que debe jugar uno mismo, vivirlo por su propia cuenta. Ahora, ya véis que el inicio es potente y es solo la punta del iceberg porque por debajo se halla una auténtica mina de legados. Simplemente podemos estar hablando del argumento más enrevesado de la historia de los videojuegos. Takahashi ha creado un universo tan preparado meticulosamente que hasta da miedo, todo está hecho por y para el momento oportuno, todo tiene un significado, hasta la propia existencia del ser. Toca infinitos temas clásicos como amor, guerra o el pueblo; pero también mucho modernismo, tecnología punta, conceptos abstractos y preguntas habituales. Así mismo, la influencia psicológica del juego abusa mucho en la utilización de conceptos como el transtorno de personalidad y numerosos efectos ópticos en general.

El reparto de personajes está logrado, algunos personajes más que otros, que están de simple relleno. Además de Fei y Shitan, otro personaje fundamental en el argumento es Elly, una chica inocente y de Solaris, una civilización oculta al ser humano y que ambiciona hacerse con el mundo y algo más. Será alguien muy especial para Fei. Bart es el príncipe heredero al reino de Av, que ha sido monopolizado por uno de sus tíos Sharkhan, que está relacionado con Solaris y la Iglesia, tiene en rapto a la hermana del heredero. Rico, mutante verde, vive en Kislev como un campeón en el distrito de los captivos, pero oculta algo en su vida. Billy, chico refinado y adepto, comulga con la Iglesia, que además es la gran proveedora de materiales de Gears en todo el mundo aún sin saber como la llevan exactamente. Añadid a Maria, Esmeralda y Chuchu y ya tenéis el reparto jugable. Sin embargo, Xenogears no se queda en ellos y abunda un numeroso uso de la simbología relacionada con los temas tratados: hay un Abel y un Caín, corderos y dioses, un ideal del Superhombre de Nietzsche y más. En definitiva, una obra que lo pretende abarcar todo pero, ¿cómo lo abarca?

El juego en sí tiene 2 CDs, donde en el primero llevaremos un RPG de toda la vida, si bien un tanto pasillero. Manejaremos a Fei en unos entornos 3D con personajes 2D, puede correr y saltar, además de montarse en Gears cuando el momento sea oportuno. Los combates se dividen en dos escenarios: tradicionales y de Gears, en ambos manejaremos hasta 3 personajes de los nueve. En los primeros ejecutamos combos con triángulo, cuadrado y equis, pudiendo ejecutar alguna que otra magia en cada turno. Son combates activos a la vieja usanza Squaresoft, pausando el momento en el que tengamos que elegir una acción. A medida que vayamos utilizando los puños, nuestros personajes aprenderán combos que se ejecutan pulsando botones en un orden determinado, causando mayores daños al rival. No son nada complejos de ejecutar, al contrario, tienes todo el tiempo del mundo para pulsar los botones en dicho orden. El problema es que no se explota muy bien este potencial y se queda simplemente en atacar, magia u objeto. Otra cosa que se puede hacer es acumular PT (puntos de técnica) al gastar menos movimientos en el ataque del máximo. Aquellos que sobren podrás acumularlos para luego gastar varios combos seguidos. No tienen nada innovador, aunque no está mal la idea en sí ni molesta, así que nos vale.

El problema está en esa segunda parte: los combates de Gears. Estos robots gigantes causan mayores daños, reciben más y tienen unos PV enormes. Eso sí, no se pueden regenerar en principio y tienen un límite llamado combustible, que puede ser muy puñetero y molesto. Sobretodo muy restrictivo. Cada acción en el Gear consume fuel, y gastan más obviamente los “combos”, que aparecen tras aumentar el nivel de ataque, que sube cada turno. También se pueden usar magias, pero no suelen tener gran efecto con los Gears, de hecho, ellos tienen acceso a habilidades especiales (entre ellas la de curación) que producen grandes golpes de gracia pero que gastan muchísimo combustible. Y como se programa para utilizarlas, es muy fácil quedarse sin combustible. ¿Y qué hacer si no tienes que combustible? Esperar un turno para cargarlo, sin hacer nada para conseguir nada. En 100 turnos, de nuevo podrás hacer algo. Mala idea.

La jugabilidad está bastante limitada constantemente en el juego. Estamos ante un constante pasillo que, en ciertas ocasiones puntuales, ofrece algo de libertad. Eso sí, un pasillo de ciudades llenas de rincones que mirar y tiendas y gente que conocer. En las tiendas podremos comprar equipo para personajes y para los Gears, que tienen sus propias. Así mismo, también hay que recargarles el gasoil (el barril de crudo cada vez cuesta más…) y ponerle nuevos motores y corazas, que aumentarán el poder de ataque y defensa de los Gears. También con nuevos chasis se puede ampliar los límites de PV y Fuel del Gear, y bien que hará falta, porque los Gears no tienen ninguna otra forma de mejorar sus parámetros. No suben niveles, no ganan experiencia ni aprenden habilidades especiales salvo en momentos puntuales del argumento.

Por supuesto, puedes salir a un mapa del mundo tras salir de ellas, pero está bastante vacío y todo muy limitado hasta que llegue el momento de utilizarlo. El ritmo de juego tampoco invita a quedarse con mucha acción ya que es lento y los grandes momentos, aunque abundantes, no va a salir a la ligera. Hay que tener paciencia con él porque la progresión es lenta y aparecen diálogos hasta debajo de las piedras. Con frecuencia aparecen momentos en los que puedes estar más de una hora sin tocar nada, tragando saliva y llamando a Morfeo hasta que puedas moverte (y ya no digo luchar). Quiere que le aguantes, y debes hacerlo pues el resultado es bueno.

Eso en su lado RPG, donde también es digno de mención los combates con los jefes: diversos, abundantes, un tanto puñeteros, pero muy variados y con algunas estrategias bastante extrañas para vencerlos, aún con vigencia hoy en día. Donde no hay un estándar es en la dificultad, que a la manera de los FF es una montaña rusa. Comienza siendo relativamente fácil (porque es sencillísimo quedarse sin combustible) para luego tener picos bastante altos e inestables para luego ser extremadamente sencillo. Es muy molesto este punto y muy incómodo para el juego. También las mazmorras podrían estar más inspiradas, porque sus puzles son a veces poco conclusos y liosos. Y si no pasillo, que no va a faltar.

Eso es el primer CD del juego. En el segundo el argumento se traga todo el resto del contenido y nos hallamos ante 20 horas de pasillo. Pero 20 horas de verdadero pasillo leyendo diálogos y sin hacer nada de nada. Nada de nada, ni mucho ni poco, te quedas mirando la vida pasar. Nada. Solo diálogos y escenas tras escenas para, llegado a un punto guardar la partida para la siguiente tanda de diálogos. Destrozo mayúsculo del juego. Para mayor colmo, suele suceder que tras una horita de diálogos te encuentres con un jefe puntual. Rara vez será una mazmorra sino un jefe así metido de refilón. Y resulta que estos jefes de la segunda partes son muy complicados, ¿qué pasa si pierdes contra ellos? Cargas desde la última partida guardada, te tragas el diálogo de una hora otra vez (sin posibilidad de saltárselo) y te vuelves a enfrentar a él. Ah, también suelen venir por partida doble, y si te elimina el segundo tras vencer el primero, también tendrás que repetirlo obviamente.

Xenogears ya no es videojuego en ese punto. Cualquier videojuego deja de serlo cuando se niega la capacidad de movimiento y de elección al jugador durante tanto tiempo. De RPG tiene muy poquito esta parte, salvo la mazmorra final todo son pasillos llenos de diálogos, combates ocasionales y poco más. No hay libertad de movimiento, no hay variedad de situaciones, misiones secundarias apenas (ya que no se puede volver atrás), no se puede ni deambular por las ciudades. El estilo argumental cambia y se plana a una primera persona cambiante donde se van desvelando poco a poco los grandes hechos finales. Mientras tu protagonista está en tu silla. No puede irse por el mundo a buscar exactamente esa cosa, o desviarse del camino, o ver en persona esos grandes hechos, que se muestran con una imagen y gracias. El juego pierde su rumbo y termina derribando la parte jugable. Se queda a medias. También podríamos hablar del tanto decepcionante final del juego, flojete y del que se podrían extraer más cosas, pero digamos que es el precio a haber extendido hasta el final una gran exageración.

Gráficamente es un gran juego, se ve bien y luce mejor. No tiene miedo a utilizar las últimas tecnologías de la época y el contraste naturaleza/artificial está muy bien reflejado. Como decíamos, estamos ante entornos 3D con personajes 2D, simples, algo detallados pero únicos. Los Gears por el contrario se ven en 3D y bien grandes, porque esas cosas son enormes. Bueno, esas y las que vienen. Un espectáculo grotesco que no rehuye de nada. También es muy común en el juego el psicodélico uso gráfico en algunas escenas, moviendo el subconsciente, buscando lo extraño, el efecto visual y el protagonismo: “mira, estoy llamando la atención”, en algunas de las escenas mejor conseguidas de toda PlayStation. Tampoco se harta de reproducir escenas CG, de gran calidad y con diferentes estilos: alguno anime y otro de gráficas avanzadas.

Todo el apartado se ve un tanto lastrado por el pésimo uso de la cámara en el juego. En el fondo y en plena era de auge de las 3D se comprende el problema pues se comienza a desarrollar la visión y se experimenta con ella, se buscan diferentes métodos, puntos de vista (muy abundantes en Xenogears), pero consigue al final unos entornos donde tapa mucho el mapeado, dejando un tanto complicado moverse por ellos. Se puede girar la cámara 360 grados, pero aún así sigue molestando. De todas formas, el apartado global es bastante bueno. El apartado sonoro no puede decir lo mismo. Normalito y sin destacar mucho, sin grandes melodías ni nada para el recuerdo. Muy correcto sin más, pero sin desentonar.

Todo esto en un argumento que supera las 50 horas y que no dispone de grandes extras tras él ni muchos secretos que descburir. Moviéndonos en el tiempo nos encontramos con un tal Xenoblade, del mismo autor y letra. No es algo tan complejo como este juego, pero parecen ser desarrollados por gente distinta, siendo el título de Wii más completo y jugable: un gustazo encantador, mientras este acaba frustrando más que gustar al jugador. Xenogears palidece de los errores de su época como el excesivo uso del apartado cinematográfico o el ser muy lineal, errores subsanables y comprensibles, pero errores garrafales. Es muy buena película, pero como videojuego no es un gusto, especialmente en el segundo CD. Sobre si jugarlo o no que caiga en la conciencia de cada uno.

21 años, Valencia. Soy el jefe del blog, consumado ególatra que pone nombre a su propia web. En mis artículos busco la “esencia de los videojuegos”, aquello que los hace únicos e inimitables. A veces meto pullitas y chorradas varias para llamar la atención.

-> Géneros predilectos: plataformas, puzle, RPGs.
-> Evitar preferentemente: shooters, Final Fantasy, juegos de terror.

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